DÍA 2: Subida al Preikestolen

Comprar los tickets para el Preikestolen

Subir al Preikestolen en gratuito pero para llegar al punto de inicio de la subida tendrás que coger varios medios de transporte. Puedes intentar llegar por tu cuenta, pero nosotros te recomendamos que compres “la excursión” a una empresa que te garantice la combinación de bus + ferry. Nosotros nos decantamos en un primer momento por comprar los tickets en esta web al precio de 350 NOK, pero teníamos claro que si el día no acompañaba y estaba nublado no íbamos a subir, pues no veríamos nada una vez arriba. Así que dejamos la compra de los tickets para el último momento (esa misma mañana). Preguntamos en el hotel y el precio de los tickets era prácticamente el mismo y como amaneció muy buen día, pusimos rumbo al Preikestolen.

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Subida al Púlpito

A las 07:00 de la mañana, con el estómago lleno y bien equipados (mallas, sudadera, cortavientos, zapatillas de montaña, bastones, mochila, móvil, cargador, palo selfie, go pro, agua y provisiones) nos dirigimos al puerto de Fiskepiren, Fiskepirterminalen a coger el ferry de Stavanger a TAU. La idea es coger el primer ferry (el de las 08:00 horas) para llegar los primeros y aprovechar las horas de luz en el Preikestolen. El trayecto en ferry es de 30 minutos y nada más llegar a TAU cogemos el autobús correspondiente hasta la base del Preikestolen (¡cuidado que habrá varios autobuses! ¡subid al que corresponde con vuestra reserva!).

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Alrededor de las 09:00 de la mañana estamos empezando la subida al Púlpito. La ruta no tiene pérdida porque vas siguiendo a la gente y todos vamos al mismo sitio. La subida nos llevará entre 2 horas y 2 horas y media (en función de si estamos en forma o no) y la bajada se quedará en 2 horas. Por supuesto, no queremos engañaros y deciros que la subida fue un camino de rosas. Fue duro, sí, podía haber sido peor. Pero cuando llegas arriba, te das cuenta de que mereció la pena.

Los primeros 500 metros dejan claro que sí va a ser duro. La rampa del comienzo es bastante fuerte y sin descanso. Pasados esos 500 metros hay un llano, que sirve de aperitivo para el infierno en la tierra. El camino está lleno de rocas grandes como cubos por las que hay que ir trepando. Sin embargo, por el camino nos encontramos con gente de todas las edades, niños pequeños, jubilados y parejas con bebes a cuesta. Visto eso, te das cuenta de que cada uno se lo tiene que tomar a su ritmo. Hicimos varias paradas a la vez que contemplábamos un paisaje espectacular. Cuando ya llevábamos hora y media, las ansias por llegar empiezan a apoderarse de ti. Deseas verlo ya, llegar al Púlpito. A veces parece que ya lo vas a ver, pero aún queda un poco más. En ocasiones te sientes parte de una película en la que cientos de personas caminando en peregrinación en busca de una nueva vida (jejeje).

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Y por fin lo ves, has llegado. La belleza del Lysefjord (fiordo de Lyse) es indescriptible. Nunca hemos visto nada igual, casi parecía de mentira. Y ahí estaba. Alzado a 604 metros sobre el mar: el Púlpito. Todo el mundo se asoma hasta el borde y toman sus selfies. Si miras hacia arriba, ves que la montaña continúa, que aún se puede subir un poco más y admirar el fiordo y el Púlpito desde otra perspectiva. ¡Allá vamos!

Sin duda, una de las vistas más hermosas que hemos contemplado nunca. El sol brilla en lo alto del cielo, la temperatura no puede ser mejor. Nos sentamos, comemos algo y, simplemente, disfrutamos. Cada minuto allí arriba es un regalo y no sabemos si habrá una próxima vez, por eso debemos almacenar todos los detalles en nuestra retina.

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Alrededor de las 14:00 horas de la tarde, empezamos la bajada para coger el autobús de vuelta a TAU a las 16:30 horas. Pensábamos que la bajada sería “pan comido”, pero todo lo contrario. Ahora había que bajar por los enormes pedruscos que antes habíamos escalado y, por tanto, había que pisar con cuidado para no hacerse mucho daño en las rodillas. Quizás esta fue la peor parte del camino. A las 16:30 horas cogimos el bus y a las 17:00 horas el ferry de vuelta a Stavanger.

Visita al monumento de Sverd i fjell

Aún nos quedaba algo que ver en Stavanger y eran las famosas espadas, el monumento Sverd I Fjell. Para llegar hasta allí cogimos un autobús (BUS 4) desde el puerto hasta la parada de MADLAMARK KIRKE. El billete nos cuesta 7€ por persona, pero si lo usamos de nuevo en menos de 1 hora, la vuelta nos sale gratis). Desde la parada hasta las espadas tienes que andar unos 10 minutos en los que llama la atención las casas sin apenas medidas de seguridad, ni verjas en los jardines, garajes abiertos… (se nota que en Stavanger viven seguros y tranquilos).

Llegamos al Sverd i fjell, un monumento conmemorativo ubicado en el fiordo Hafrsfjord, a las afueras de la ciudad, que fue creado por el escultor Fritz Røed de Bryne e inaugurado por el rey Olaf V de Noruega en 1983. Nos hacemos las fotos correspondientes y volvemos a coger el bus para no tener que comprar más billetes. Damos otra vuelta por el centro y nos vamos a descansar. Ha sido un día tan duro que no tenemos ni hambre.

 

LEER DÍA 3: Crucero de Stavanger a Bergen | Turismo por Bergen.



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